Un exitoso carnaval y finanzas sanas consolidan la gestión de Atenea Gómez Ricalde.
Cancún
Por Alejandro García
El Carnaval de Isla Mujeres dejó de ser solo una fiesta popular para convertirse en un termómetro del gobierno municipal; con calles llenas, participación comunitaria y una ocupación hotelera cercana al 99%, la celebración sirvió como escaparate de los resultados que la administración de Atenea Gómez Ricalde busca posicionar: orden, seguridad y manejo eficiente de los recursos públicos.
La alcaldesa presentó el carnaval, durante la entrevista que le realizó la politóloga Odalis Gómez Millar, como un motor económico, cultural y social, pero también como la muestra de un municipio capaz de organizar eventos masivos sin descuidar los servicios públicos, la seguridad ni la imagen urbana.
Señaló que el éxito no se mide únicamente en asistencia, sino en la derrama económica y en la reconstrucción del tejido social que implica meses de preparación comunitaria y participación ciudadana.
Uno de los ejes centrales del discurso de Gómez Ricalde es la seguridad pública; en este sentido, subrayó que Isla Mujeres se mantiene como uno de los municipios con menor índice delictivo en Quintana Roo, de acuerdo con datos del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, resultado —dijo— de una coordinación constante con el Ejército, la Marina, la Guardia Nacional y la Policía Estatal, además de la inversión municipal en cámaras de videovigilancia, mejor infraestructura y mejores condiciones laborales para los policías.
Gómez Ricalde reconoció que la zona continental enfrenta retos distintos por su cercanía con áreas conurbadas de otros municipios, pero afirmó que el trabajo interinstitucional y la presencia permanente de las fuerzas de seguridad han permitido contener la incidencia delictiva. “No se trata de decir que nunca pasa nada, sino de cómo se reacciona”, señaló al destacar la capacidad de respuesta y el uso de tecnología como elementos clave de la estrategia.
Obra pública
Otro pilar del gobierno municipal es la obra pública, presentada no como acciones aisladas, sino como parte de un proyecto de largo plazo. La renovación del malecón, la electrificación subterránea del centro, la repavimentación de calles y la rehabilitación de espacios históricos forman parte de una agenda que busca fortalecer la funcionalidad del municipio.
Gómez Ricalde insistió en que las obras no se diseñan para el impacto inmediato, sino para durar, incluso cuando su ejecución coincide con eventos masivos como el carnaval. La planeación —afirmó— ha permitido mantener la actividad turística sin frenar los trabajos de infraestructura, reforzando la percepción de orden y eficiencia administrativa. En cuanto al manejo del sargazo, dijo que Isla Mujeres cuenta con protocolos específicos, personal contratado mediante programas federales y equipo propio para atender de manera inmediata la llegada del alga. Aunque reconoció que el fenómeno no puede evitarse, destacó que la capacidad operativa del municipio permite mantener las playas limpias.
El crecimiento turístico de zonas como Costa Mujeres y Punta Sam es otro de los temas destacados; en este sentido, Gómez Ricalde describió una relación de confianza y corresponsabilidad con el sector empresarial, basada en la presencia del gobierno municipal, la mejora de servicios públicos y la creación de fideicomisos para transparentar el uso del derecho de saneamiento ambiental.
Más seguridad
La alcaldesa señaló que la inversión privada avanza de la mano de la infraestructura pública, con patrullaje, alumbrado y pavimentación en zonas que antes carecían de atención gubernamental, lo que ha fortalecido la percepción de seguridad entre inversionistas y visitantes.
Quizá el elemento más político de la entrevista fue el énfasis en la transparencia financiera. Gómez Ricalde destacó que el municipio obtuvo cero observaciones por parte de la Auditoría Superior de la Federación en 2024 y que Isla Mujeres no mantiene deuda pública, logros que atribuyó a la planeación presupuestal, la ausencia de sobrecostos y la negativa a prácticas de corrupción.
Este manejo administrativo —concluyó— es lo que permite que festividades como el carnaval sean posibles sin comprometer el futuro financiero de las y los isleños.












