El sector hotelero plantea actualizar diagnósticos y fortalecer acciones para enfrentar factores como menor conectividad, aumento de costos, cambios en mercados emisores y mayor competencia internacional.
Por Alejandro García > Quequi
Cancún. El panorama de ese momento en el sector turístico exigió una evaluación profunda de los retos internos y externos para diseñar estrategias efectivas de cara al futuro, indicó Rodrigo de la Peña Segura, entonces presidente de la Asociación de Hoteles de Cancún, Puerto Morelos e Isla Mujeres, quien señaló que los resultados obtenidos en los primeros meses del año demostraron la necesidad de reaccionar de manera inmediata y utilizar la información disponible para calibrar las acciones de la industria, especialmente al considerar que las temporadas de invierno y verano solían registrar comportamientos muy distintos.
A nivel internacional, factores fuera del control local impactaron la dinámica turística reciente; entre ellos se encontraron fenómenos políticos y económicos en Estados Unidos y Sudamérica, así como la percepción de seguridad en el país, lo que generó cancelaciones y retrasos en las reservaciones.
Asimismo, los conflictos bélicos globales provocaron un incremento en el precio de la turbosina, afectando los márgenes de las aerolíneas que ya contaban con tarifas prevendidas.
A esto se sumaron contingencias operativas en aeropuertos internacionales, problemas con el turismo masivo en zonas arqueológicas y la quiebra de aerolíneas de bajo costo; durante el verano, la priorización del turismo doméstico en el principal mercado emisor y el encarecimiento de los vuelos limitaron la conectividad esperada hacia la región.
Ante esta situación, la hotelería organizada mantuvo un diálogo constante con los tres niveles de gobierno; en encuentros de ese periodo con las autoridades del ramo, se planteó la urgencia de actualizar los diagnósticos de los principales pilares del destino.
Marcas de alto nivel continuaron mostrando confianza en la región con aperturas en ese entonces, lo que reflejó una inercia de inversión positiva; sin embargo, persistió la necesidad de contar con recursos específicos y etiquetados para la promoción a gran escala, un rubro donde en su momento se compitió en desventaja frente a destinos internacionales del Caribe que recibían un respaldo gubernamental integral en infraestructura y tramitología.












